Un Loco

UN LOCO

 

Este artículo no pretende hablar una vez más sobre la vida de Marcelo “El Loco” Bielsa, aquel niño nacido en una familia tradicional de Rosario, con un padre tratadista en derecho y un hermano ministro de la nación argentina, quien decidió, contra todo pronóstico, seguir el camino del futbol. Éste artículo, aunque se traicione por momentos, pretende hablar de sus ideas. Pero no de conceptos futbolísticos, de la presión alta y el ataque asfixiante, sino de los principios y filosofía que el derivó del futbol. Ya que como él lo afirma, a través de la competencia pura del futbol, encontró respuestas a la mayoría de problemas de la vida real: "Aprendí por el deporte que la generosidad es mejor que la indiferencia. Aprendí el valor del coraje, la importancia del esfuerzo y lo trascendente de la rebeldía. Son los tres o cuatro elementos con que después yo traté de orientar mi vida"[1]. Casi todo aquel que haya sido dirigido por Marcelo habla de un cambio de mentalidad y de un crecimiento personal; su huella sigue viva en muchos lugares que van desde Rosario hasta Leeds, pasando por México, Chile, España y Francia en el camino.

 

Desde niño Bielsa soñaba con convertirse en jugador profesional de futbol, no obstante, su sueño se vio frustrado cuando después de sólo tres partidos con Newell’s Old Boys en primera, se enfrentó a sus limitaciones y tuvo que retirarse del oficio. Desde ésta frustración Marcelo encontró un punto medio entre el deseo fallido y lo que le guardaba el destino; le faltaban condiciones para ser un buen jugador, pero le sobraban para ser entrenador de futbol. Al igual que cuando planifica un partido, Bielsa imaginó las posibilidades y consecuencias de sus actos, e intentó que el azar dibujara sus chances a partir de ello[2]. Esta fue la primera vez que enfrentó la tensión que existe entre la Planificación y el Destino o como él lo llama: la Inspiración. No obstante, siempre fue una constante en su trabajo: "Jamás podría reprocharles a mis jugadores la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de la voluntad de ellos, de que sólo lo quieran, no de que Dios los ilumine”[3].

 

Por su puesto, para él tiene mayor valor la Planificación que la Inspiración, y por ello intenta enseñar a sus dirigidos la mecanización sobre cada situación del juego y la solidaridad entre aquellos más dotados con sus pares de menos talento. No obstante, no desconoce que existen alternativas impensadas en el futbol y en la vida que naturalmente escapan a cualquier plan. Este punto medio queda mejor explicado en sus frases, que no tienen desperdicio: “La tensión excesiva perjudica, la relajación puede llegar a limitar. Nadie mejor que estos jugadores profesionales para llegar a una tensión que favorezca y no inhiba, y una relajación que permita y no quite"[4]. Su logro no sólo dependió de encontrar este punto medio, sino también en comprender que el éxito se reserva a quienes se agotan en la planificación hasta depender en menor medida de la inspiración: “El temple es el complemento insustituible de todo lo que uno pueda proponer en un pizarrón”[5]

 

Este esfuerzo, sin embargo, no vale por sí mismo, sino que debe ir matizado con otros valores. Primero, la paciencia de llevarlo a diario y no tener la mirada demasiado lejos, como después lo hizo famoso Simeone (ir partido a partido) o cómo lo dijo antes El Loco: “Yo no me propuse grandes cosas. En el futbol ningún proyecto puede ir más allá de una semana porque siempre espera un rival que quiere bajarnos. Les pedí que nos concentráramos para el próximo partido. Lo demás es puro sueño”[6]Y no menos importante, la pasión. Marcelo es un apasionado por el fútbol desde muy joven. De hecho, nunca perdió el espíritu de amateur, que en la competencia da una ventaja ante la fatiga, en sus palabras: “Fui feliz cuando disfruté del amateurismo, cuando crecí enamorado de mi trabajo. Tengo un sentimiento profundo por el fútbol, por el origen del juego, por el picado y por el baldío"[7].

 

Si bien El Loco es conocido por ser dueño de una ética a ultranza en el trabajo, en cuanto a conocer al rival a fondo y a su equipo; si ha superado la obsesión en el resultado que en su juventud lo aquejaba. Una frase en sus años dirigiendo en México lo revela: “¿Usted sabe que yo me ‘muero’ después de cada derrota? La semana siguiente es un infierno. No puedo jugar con mi hija, no puedo ir a comer con mis amigos. Es como si no mereciera esas alegrías cotidianas. Me siento inhabilitado para la felicidad por siete días”[8]. Con el tiempo, Marcelo limpió este sentir al entender que de los fracasos también se acuñan triunfos. Bien sea en forma de lección o de temple del carácter. De hecho, son la regla en la vida y la excepción son las victorias. Bielsa dedujo que no podía tomar al fútbol como todo o nada[9]. Si bien su falta de títulos (dos campeonatos clausura con Newell’s, un campeonato olímpico con Argentina y ahora un Football League Championship, la segunda de Inglaterra) lo desautorizaron para hablar del éxito, para resignificar el fracaso sí estuvo autorizado: 

                                                                                        

Los momentos de mi vida en los que he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo lo que trabajo porque quiero ganar en cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando”[10].

 

Esta ideología lo ha llevado a ser crítico de los medios de comunicación, por considerar que se valora lo conseguido y no lo merecido. Según Marcelo, esta posición crea un daño profundo en la sociedad por validar triunfos sin importar las formas o el proceso. Quien recibe este mensaje considerará el camino más corto para los resultados, pero “la vida en líneas generales es construcción. Y de vez en cuando se logran los objetivos, (…) lo interesante no es ser exitoso, porque el éxito es una cosa que se consume instantáneamente; una vez que se logra se desvanece y se pierde"[11]La crítica en últimas va al hecho de trasladar la lógica del futbol (una gran alegría y una gran tristeza, victorias y derrotas, sangre o aplausos, valores muy caros para el ser humano[12]) a la realidad. 

 

El tiempo no ha hecho más que acentuar las convicciones de Marcelo Bielsa. Ya no se preocupa por el resultado sino por el método: “Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea. No hay que juzgar la idea sino el sustento. Es posible valorar proyectos antagónicos pero lo que nunca se puede hacer es sustituir las convicciones.”[13]. Quizá por ello, muchos dicen que más que un ejemplo futbolístico es un ejemplo humano. Un hombre que se devora la vida, sin las limitaciones de los triunfos que exige la sociedad: “Como entrenador, aspiro (…) a difundir valores. Creo, verdaderamente, que esta condición de conducir no es muy diferente de la que posee un padre de familia. Yo sinceramente, digo que tiene mucho más que ver con la repercusión que causa lo que hacemos que con lo que hacemos concretamente”[14]Un loco.

 

 

Juan David Ovalle G. 

Abogado.

 



[1]Lo suficientemente Loco. p. 34

[2] Lo suficientemente Loco. p. 6.

[3]Ibíd. p. 7.

[4]Ibíd. p. 66

[5]Ibíd. p. 12

[6]Ibíd. p. 15

[7]Ibíd. p. 32.

[8]Ibíd. p. 9.

[9]Ibíd. p. 18.

[10] Semanaeconomica.com. “Lo que un gerente puede aprender de Marcelo Bielsa. Rubén Castro. Jefe de Redacción de Perú Económico. 

[11]Ibíd. p. 41 - 42

[12] Los 11 caminos al gol. P. 51 - 52

[13]Ibíd. p. 47 - 48

[14]Ibíd. p. 40

Comentarios

  1. Considero que el personaje que escogiste, para estructurar esta disquisición es el de los más difíciles y complejos, que cualquier crítico o comentarista del mundo futbolero, puede hallar , dada la personalidad y la formación ortodoxa que por antonomasia posee este exponente de la escuela Argentina, partiendo del hecho inherente de su terruño qué lo vio nacer, que no fue porteño, sino Rosarista, lo cual lo condiciona, genética y humanisticamente cómo un ser que observa su contexto con un prisma y canalete muy antagónico al del común denominador que lo circunda. Todo ello unido al temperamento que le imprime a su accionar, lo convierte en un personaje sumamente inaccesible e indescifrable en su definición, en síntesis un ser conspicuo, que al llevarlo por extensión a un proyecto de vida, se convierte en una faena más ardua y dinámica, pero que a su vez es apasionante.

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  2. Considero que el personaje que escogiste, para estructurar esta disquisición es el de los más difíciles y complejos, que cualquier crítico o comentarista del mundo futbolero, puede hallar , dada la personalidad y la formación ortodoxa que por antonomasia posee este exponente de la escuela Argentina, partiendo del hecho inherente de su terruño qué lo vio nacer, que no fue porteño, sino Rosarista, lo cual lo condiciona, genética y humanisticamente cómo un ser que observa su contexto con un prisma y canalete muy antagónico al del común denominador que lo circunda. Todo ello unido al temperamento que le imprime a su accionar, lo convierte en un personaje sumamente inaccesible e indescifrable en su definición, en síntesis un ser conspicuo, que al llevarlo por extensión a un proyecto de vida, se convierte en una faena más ardua y dinámica, pero que a su vez es apasionante.

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